Photograph: Camaroni Producciones

 

Este blog fue publicado originalmente en The Guardian

Como es habitual en nuestro mundo, en México las personas de menos recursos son las que sufren más. Los barrios informales y pobres tienen poco acceso al agua potable, lo que los expone a altos riesgos de salud, como la diarrea, las infecciones bacteriana y las enfermedades por parásitos. Muchas personas dependen de las “pipas” o camiones de agua, que no siempre son confiables. La familia mexicana promedio puede gastarse hasta el 20% de sus ingresos en la compra de agua.

Más de 10 millones de mexicanos no tienen acceso al agua potable [pdf] y la Ciudad de México, capital del país, figura en el tercer lugar de las urbes que podrían enfrentar una crisis extrema del abastecimiento de agua. Pero ésto no se debe a una escasez natural de agua. De hecho, la Ciudad de México tiene aproximadamente cinco meses de lluvia al año y es famosa por sus inundaciones.

El problema es debido a la mala gestión del agua y la infraestructura de la ciudad. En la Ciudad de México, cerca del 70% del agua es extraída de acuíferos [pdf], cantidad mayor a la que puede reabastecerse de manera natural. La ciudad fué construída sobre el lecho de un lago y como tal, se ha hundido 10 metros en los últimos 100 años [pdf]. De hecho, el 30% del agua de la Ciudad de México proviene del sistema de agua Lerma-Cutzamala, situada a 150km de distancia, en una zona donde muchas personas indígenas sufren constantemente la escasez de este recurso. El proceso de bombeo de agua desde muy lejos resulta en altos costos energéticos y el 40% se pierde en tránsito debido a fugas en las tuberías que la acarrean. Con cerca de 20 millones de habitantes, una crisis de agua en la capital representa una amenaza para el país entero.

Aquí es donde entra Isla Urbana. En el 2009, un equipo de ingenieros, diseñadores y sociólogos fundó y diseñó un sistema de cosecha de agua de lluvia para permitir a las comunidades captarla, filtrarla y utilizarla durante la mayor parte del año, sin necesidad de depender de un sistema poco sustentable.

Clara Gaytan Credit_Cate Cameron

Clara Gaytán, la primera persona en utilizar el sistema Isla Urbana. Photograph: Cate Cameron

Para comprender mejor las necesidades de las comunidades, el equipo de Isla Urbana se trasladó a trabajar en un edificio de Tlalpan, frente a la casa de Clara Gaytán, la primera persona que utilizara su sistema. De ahí comenzaron a brindarle el servicio a sus vecinos. Isla Urbana realizó entrevistas pre- y post-construcción, capacitó a miembros de la comunidad y contrató a plomeros locales para la instalación.

El componente más caro de este proceso son las cisternas pero, afortunadamente, la mayor parte de las viviendas en México ya cuentan con una. Esto ha ayudado a mantener un costo bajo, desde US$500 para las viviendas que ya tienen cisterna hasta US$1,000 para quienes no la tienen. Isla Urbana es un híbrido de empresa social y organización sin fines de lucro. Su financiamiento proviene de la Fundación Isla Urbana, subvenciones por entidades del gobierno mexicano y proyectos conjuntos con otras organizaciones no-gubernamentales (ONGs). Para ayudar a promover el sentido de propiedad y responsabilidad los dueños de las viviendas también contribuyen con el 15% hacia la instalación del sistema de colecta de agua pluvial.

Yo visité a Isla Urbana y el barrio de Clara durante un viaje de investigación en 2011, ella nos mostró con orgullo su sistema y nos explicó en gran detalle cómo funcionaba. También nos dijo que el sistema le ha cambiado la vida y que quería decírselo al mundo.

También visitamos otras áreas de la comunidad que habían sufrido por la falta de agua. Historia tras historia las experiencias eran las mismas; la gente tenían pocos recursos para pagar el agua, no podía contar con las pipas y el sistema de cosecha de lluvias les ha mejorado enormemente su calidad de vida.

La comunidad en Tlalpan se convirtió en el laboratorio de Isla Urbana, facilitando la organización para desarrollar un modelo sostenible desde el punto de vista ambiental, social y económico. Desde su principio, por ejemplo, capacitaron y contrataron a plomeros de las mismas comunidades y el sistema se creó para ser de bajo mantenimiento, bajo costo y con partes fáciles de reemplazar. Trabajando en zonas urbanas y rurales, esto ha sido particularmente bueno para aquellos que no tienen el fácil acceso a los materiales.

Installation_Credit Cate Cameron

El equipo Isla Urbana comienza labores para instalar un sistema de cosecha de agua de lluvia. Capacitan y contratan plomeros provenientes de las mismas comunidades en que trabaja la organización. Photograph: Pilar Campos/Cate Cameron

Aunque esta solución tiene el potencial de incrementar la seguridad del agua para millones, y la cosecha de agua de lluvia no es un concepto nuevo, ha habido un poco de resistencia contra la labor de Isla Urbana. Algunos funcionarios de la ciudad lo ven como una respuesta “curita” a un problema de gran escala. Para otros, la idea de captar agua de lluvia y reutilizarla parece complicada. Pero para pasar de un enfoque económico linear a uno circular se requiere un período de adaptación, y, para la Ciudad de México el agua de lluvia es un recurso abundante que no debería ser ignorado ante tal crisis.

Isla Urbana ha estado demostrando a los legisladores y otros agentes que la cosecha de agua de lluvia es una solución viable mediante talleres y materiales educativos para el público en general, programas basados en el arte y el acceso a testimonios personales.

A la fecha, Isla Urbana ha instalado 2,200 sistemas, cosechado 170,000 litros de agua y abastecido a 16,500 individuos. El equipo se ha doblado en miembros y la organización ha trabajado ya en toda la república, en estados como Jalisco, Durango, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo y Chihuahua.

A principios de este año, varias agencias gubernamentales han acordado planes para instalar aproximadamente 1,000 sistemas a lo largo de la Ciudad de México. Este ha sido un paso significativo, ya que Isla Urbana puede comenzar a replicar y ampliar el modelo que ha desarrollado a través del tiempo, con la intención de trabajar mano a mano con la comunidad, legisladores y las ONGs asociadas: pasos fundamentales hacia la resolución de la crisis del agua en el país.

Sol García es coordinadora de la Fundación Isla Urbana. Sigue a@sol_garcia y @IslaUrbana en Twitter.